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El día que amé leer

«Entre más leas, más cosas sabrás. Entre más aprendas, a más lugares irás». 

–Dr. Seuss

Hace algunos días aprendí de un profesor que para todos existe un libro que nos hará amar la lectura. Él nos expresó que no hay tal cosa como que no te guste leer, sólo es que no has encontrado el libro correcto para ti. Inmediatamente me puse a pensar en los alumnos de nuestro sistema, cómo queremos formar en ellos un amor por el lenguaje, las historias y la posibilidad de la escritura. Cuando mencioné lo que queremos lograr me dijo que no les enseñemos a los alumnos el amor por la lectura, sino que presentemos a la lectura como un misterio que descubrir, como algo grandioso que explorar y que los guiemos a encontrar el libro que cambiará sus vidas.

Esta enseñanza me puso a pensar en mi propia vida. Mi amor por la lectura no fue algo forzado, ni enseñado, fue algo que comenzó en mi infancia y sigue creciendo. Aunque tengo muchos momentos y recuerdos, libros, cuentos y ensayos que han tocado mi vida y retado mi intelecto, hay tres momentos de mi infancia que considero importantes en mi caminar hacia el amor de las letras. 

Primero, cuando era una niña de kínder y recién había aprendido a leer le pedí a mi mamá que si le podía leer en voz alta. Querer mostrar mi nuevo talento me emocionó demasiado. Ella de manera automática, detuvo todo lo que estaba haciendo y me escuchó con atención, me dejó leerle el cuento entero de El príncipe y el mendigo. Leí a mi velocidad, cometí errores, pero fui escuchada y celebrada. Mi vida nunca sería igual. Las letras e historias nunca dejarían de ser parte de mi vida.

Un par de años sucedió otro importante recuerdo de mi camino hacia el amor por la lectura. Éste fue cuando a una temprana edad, mi papá me llevó a la feria del libro. Ese fue un momento muy especial de padre e hija. Fuimos sólo él y yo, la invitación a ir fue con la condición de que yo escogiera el libro que yo quisiera, siempre y cuando lo leyera. No había límite de qué podía escoger y emocionada escogí un libro de piratas, La isla del tesoro. Este libro formaría en mí un hábito que comparto con mi padre hasta el día de hoy.  

Unos años después de esta aventura, mi bisabuelo le heredó a mi papá una caja de libros. Se lo heredó a él por ser su nieto lector. Mi papá me dejó abrir la caja y explorar los libros que había en ella. Recuerdo vívidamente el olor de esos libros viejos cuando abrí la caja. Para ese entonces ya amaba la lectura, leía cualquier historia que pudiera encontrar. Esa caja de libros se volvió mi tesoro. Esa caja era una invitación a nuevos mundos que no había explorado. 

Estos tres momentos tienen algo en común, mi amor por la lectura comenzó en casa. Mis padres vieron que crecía en mí una curiosidad por las narrativas y me dejaron correr con ella. Leí un gran número de libros, cuentos y narraciones a lo largo de mi educación básica. Recuerdo con cariño libros como El mago de Oz que leía en el receso, La vuelta al mundo en 80 días que me regaló mi abuelo, Las Aventuras de Tom Sawyer que leí con otros y muchas historias más. 

Existe la noción de que yo al igual que otros lectores, somos una excepción a la regla. Que lo “normal” es que no haya una pasión por la lectura en las personas. Piensa en lo siguiente, qué pasaría si padres de familia, educadores y directivos rechazaran esta mentira. Que en vez de eso abrazáramos la idea de que no hay malos lectores o niños que les aburre la lectura. Que juntos creamos que nuestros alumnos simplemente no han encontrado el libro correcto para ellos, el libro que despertará esa pasión en ellos. Qué pasaría si en vez de rendirnos después de que un libro no le agradó a un niño, buscamos una segunda, tercera o cuarta opción hasta que encontremos el libro que cambiará sus vidas. Las vidas de nuestro estudiantes nunca serían iguales. Las posibilidades de su aprendizaje y desarrollo crecerían exponencialmente. 

Para lograr este cambio en nuestros estudiantes no es necesario gastar grandes cantidades de dinero, ni es necesarios comprar cientos de libros. Comienza con lo que tienes en casa. 

  • Busca cuentos cortos que les llamen la atención. 
  • Dales libros entretenidos de temas que les interesen. 
  • Escúchalos cuando descubran pasajes que les llamen la atención. 
  • Comparte con ellos lo que te llame la atención a ti. 

Uno de los retos que tenemos como educadores es que nunca dejemos de intentar cambiar la vida de los niños y llevarlos a nuevos niveles de aprendizaje. Todo empieza con el lenguaje. Recuerda que si queremos formar estudiantes lectores, debemos ser lectores nosotros primero. Debes poder inspirar a los estudiantes a seguir tu ejemplo. Si consideras a la lectura habitual algo aburrido, es tiempo de que cambies tus ideas. Nunca es tarde para descubrir una pasión por la lectura. Esta nueva mentalidad comienza con nosotros. Encuentra tu libro, encuentra la historia que fue escrita para ti. Las posibilidades son infinitas, el misterio de descubrir tu libro comienza hoy.

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