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Yo nací para ser misionero.

Cuando yo todavía estaba en la panza de mi mamá, mis papás me llevaron a vivir a un pueblo que se llama El Huizachal. Para mis padres ese lugar es una base misionera, para mí es un lugar normal. Ahí vivimos con indígenas, los Xi’iuy, un grupo étnico de la sierra de San Luis Potosí.

Mi papá, que es doctor, atendió mi nacimiento en su consultorio en octubre de 2010 y mis padres me pusieron de nombre: Esteban. Lo curioso es que nací en el cumpleaños de mi mamá y desde entonces hay dos celebraciones un mismo día. Por dos años fui hijo único, hasta que nació mi hermana Rebeca, en septiembre.

Cuando tenía seis años fuimos a Chihuahua, a la Tarahumara, a conocer esos pueblos. Ahí tuve la experiencia de que unos niños me ganaran corriendo descalzos.

En El Huizachal hacemos historias de la Biblia de diferentes formas. La primera vez que hicimos unas “Historias Bíblicas Orales” actuamos Génesis con títeres. Luego, en la navidad, volvimos a hacerlo, pero esta vez hubo un narrador que hablaba en Xi’iuy y los demás solo actuábamos (noten que escribí “actuábamos” en primera persona).

Mi papá, como ya mencioné, tiene un consultorio, y algunas veces le ayudo a suturar, voy con él a las emergencias en casas y hago cuentas de dinero.

En mi casa hemos hecho remodelaciones. Antes teníamos una casa arriba del consultorio y, claro, hay escaleras, pero a mis seis años pusieron una nueva casa pegada a la viejita.

Cuando tenía como cuatro o cinco años me pasó algo horrible; estaba comiendo un pescado y mi mamá estaba recogiendo un cuarto, cerca de la cocina. De repente, una espina se atoró en mi garganta. Podía respirar, pero no hablar. Empecé a golpear la mesa y mamá volteó a verme y se asustó al darse cuenta de que tenía algo atorado en mi garganta. Metió su mano en mi boca y sacó la espina, y empecé a escupir un poco de sangre.

Quizá puedan pensar que El Huizachal es un pueblo perdido y que vivimos en una cabaña fea. Pero no. Vivimos muy bien y hasta hemos podido ayudar a otras personas con cosas como la ropa que no usaremos más y dinero, juguetes, medicinas, y hasta vamos a sus cumpleaños (al menos de las personas que sí cuándo es). También les predicamos del evangelio a todos los que podemos.

Otra cosa que sucedió en mi vida es que una vez, a los seis años, tenía un diente flojo. Y estaba dormido cuando de repente me caí de la cama. Me levanté como si nada, pero cuando me desperté la mañana siguiente, me fijé que no tenía diente y pensé que quizá se me había caído cuando me acosté en la cama otra vez. Todo el día buscamos, cuando de pronto, papá lo encontró en mi almohada.

Rebeca y yo somos más que hermanos. Nos entendemos en todo momento. Casi siempre pensamos en lo mismo.

La verdad es que soy buen dibujante. Desde los siete o nueve años empecé a hacer comics a mano y luego mis dibujos fueron cada vez más realistas. Ya sé muchas cosas para hacer una historieta y hasta estoy empezando a imprimir libros de lo que escribo.

Desde que estamos aquí, hacemos campamentos llamados “Discipulado”. Cada año en junio y julio lo hacemos para personas mayores de edad que quieren ser misioneros. Recuerdo que de pequeño pensaba que todos ellos eran amigos que nos iban a visitar.

En 2019 se suspendió el discipulado por el “bendito” Coronavirus, pero en 2021 comenzamos de nuevo. Pero la verdad es que la mitad del año es una de las temporadas más calientes.

Justo hoy, hay unos discípulos que están aprendiendo de los pueblos, y al final de la semana nos van a decir que aprendieron, en especial del Huizachal.

Esta es mi vida resumida, aún no sé exactamente lo que quiero ser, ni cómo hacerlo, pero confío en que Dios tiene un plan para mí.

Escrito por Luis Esteban Hurtado Villaseñor, “Loocko”. / Sexto de primaria.

El Huizachal, San Luis Potosí.
México.

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